Y mi boca se queda de golpe seca de placer

Un sentimiento de urgencia me ha traído aquí,

mi corazón se aceleraba a la par que mis pupilas dilatadas

palpitaban diligentes frente al ordenador del escritorio,

y mi piel refrescada por la lluvia “chirimiri”

erizaba el pelo desbordada de energía.

Se ve que esta primera lluvia de otoño,

es para algunos escritores,

como luna llena para un hombre lobo,

que desata mi instinto, quizá nuestro,

que desarma lo humano y despierta el talento,

O al menos las palabras que fluyen como viento,

como lluvia entre mi lengua y mi garganta,

y se escapa entre mis dedos, y aporrea un teclado muerto

que despierta del sonido atroz del sufrimiento.

Y las ideas se atascan al rato,

y hacen remolino en su alboroto,

y condensa entre la lluvia su destino

de un papel ignoto,

desconocido, arrugado, abandonado al poco

y se esconden las palabras entre versos rotos

o entre textos largos como la lluvia de otoño.

No importa que se escriba,

no importa el pensamiento

más allá de la emoción del momento,

queda la transformación que siento

cuando la lluvia llama a mi oído

con su repicar roto,

mientra mi piel se enciende con el fresco,

y mis ojos se relajan con la sombra de la nube que protege mi pupila,

y despierta el olor a nueva vida,

el ozono despegado de la tierra húmeda

y mi boca se queda de golpe seca de placer.

Me transformo y me inquieta,

me sorprende que la gente al verme me reconozca..

…porque la lluvia hace de mi,

otro.

gotas-de-lluvia

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